Fernando alonso + Ferrari F1= CampeoneS
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Fernando Alonso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nacionalidad:

Española

Fecha de nacimiento

29/07/1981

Año de debut

2001 (Australia)

Mundiales

2

Mejor posición en el mundial

1º en 2005, 2006

Biografía:

AL VOLANTE DESDE LOS TRES AÑOS
 

Su padre construyó un kart rudimentario para su hermana Lorena, pero fue Fernando el que le sacó rendimiento cuando aún no llegaba a los pedales
 

Feo, fuerte y formal. La leyenda que acompañó a John Wayne durante toda su vida bien podría aplicarse a Fernando Alonso. Salvo por lo de feo, claro. Asturiano puro, de carácter casi recio. Como su padre, José Luis. No da nunca un elogio de más, ni muestra sus sentimientos salvo con sus íntimos. Y formal porque sabe distinguir entre los que le apoyan de siempre y los advenedizos. Aquel que le haya despreciado sabe que, ahora que es el hombre de moda del deporte español, no podrá tener nada de él. Una personalidad forjada desde que a los tres años se subiera por primera vez a un kart. Fue una tarde de 1984 en el párking de un centro comercial.

Los padres de Nano, como le llaman sus amigos de Asturias, nunca pudieron permitirse demasiados lujos. Vivían en una casa de 70 metros cuadrados en un barrio humilde de Oviedo. El padre trabajaba en una empresa de explosivos como maestro mecánico y la madre tenía que compaginar las tareas caseras con su labor de dependienta en El Corte Inglés, donde sigue. Tanta normalidad es rara, por otra parte, en las biografías de la F-1.

Cinco años después de que naciera Lorena, la hermana mayor, vino al mundo Fernando. Fue el 29 de julio del 81. Desde el primer momento, José Luis quiso que sus hijos cumplieran una afición frustrada suya, el kárting, donde el cabeza de familia hizo sus pinitos con veinte años. Construyó un kart rudimentario para su hija... y se estrelló. Decidió entonces que se subiera el niño. No llegaba a los pedales, pero, como dice José Luis, “no se chocaba con nada, ya iba. Yo se lo ponía al ralentí porque él no podía acelerar ni frenar y yo le acompañaba a pie. Y mira, igual que otra gente se gasta el dinero en una escopeta y se va a cazar los domingos, yo me lo gastaba en ir con mi hijo a las carreras de karts”. El niño, que reconoce que hoy en día no se acuerda de nada de aquello, pronto estaba con cuatro años participando en sus primeros grandes premios, eso sí, de pueblo. Así lo cuenta Fernando: “Íbamos a las fiestas. Allí se hacían carreras de karts para niños. Los demás tenían entre seis y siete años y, claro, siempre era el último”.

Su padre define al Fernando infantil como un “chico tranquilo, pero con carácter. Siempre hizo lo que quiso y he sido yo mucho más cauto que él. Le puedo pedir tranquilidad en el coche, que él siempre va a tope. Es así desde que llegaba a los pedales”.

 

CAMPEÓN DEL MUNDO A LOS 15 AÑOS

CAPAZ DE IR A ITALIA CASI SIN HABLAR. Alonso dormía en casa de Genis Marcó y éste destaca que siempre estaba callado, pensando en volver a competir. Su timidez era asombrosa: “Como ahora, pero multiplicado por cien. Recuerdo un viaje a Italia en coche en el que podía haberse pasado todo el camino en silencio si yo no llego a decirle nada. Sus respuestas eran sí o no, nada más. Luego cogió confianza y, además, en muchos sitios éramos los únicos españoles”.

Con seis años, Fernando Alonso ganó su primera carrera. Y con siete, ya era campeón infantil de Asturias. Ocho victorias en ocho carreras. El niño había dejado de jugar para tomarse las cosas en serio: “Llevo 17 años compitiendo al máximo. La gente se asombra de mi juventud, pero yo no. En realidad soy un veterano, aunque siempre haya sido el más joven en todo lo que he corrido”. De ciudad en ciudad, y de título en título, con un Peugeot a los circuitos mientras los padres de los otros iban en BMW y Mercedes.

La carrera del chico fue fulgurante y José Luis, su padre, hacía de mecánico y consejero. Pasó a cadete y entonces la afición empezó a convertirse en algo prohibitivo. “Le compré un kart con 11 años y debíamos cuidarlo hasta los 18. Teníamos que empezar a competir en Europa y yo no podía hacer frente a esos gastos. Entonces apareció Genis Marcó. Él fue nuestra salvación. Entonces todo cambió. Él era importador de karts y Fernando estrenaba uno por carrera. Conseguía dinero de patrocinadores para pagar los viajes y si no lo ponía él. Es el Adrián Campos de los karts y en el fondo casi más importante”. El salto a la profesionalidad es muy caro. Una temporada con estos monoplazas a alto nivel salía por 20 millones de pesetas.

Genis Marcó, un catalán que es toda una institución en las carreras y también ha llevado a Antonio García, conoció a Fernando gracias al dueño del circuito de karts donde éste solía entrenarse: “Tú que buscas gente buena, tengo un chico que podría interesarte. Tiene mucho talento”. Genis le hizo una prueba: “En su segunda carrera, un Campeonato de España, acabó segundo. Algo innato tenía que tener”.

Marcó y Fernando empezaron a convivir juntos mientras José Luis hacía de mecánico. Más de uno se coló al no tratarle como el padre. Se creían que era uno más. Juntos comenzaron a viajar por Europa, sobre todo a Italia, donde pronto se hizo un prestigio a base de ganar a los intocables pilotos locales. En su primera prueba allí, hizo el segundo puesto en entrenamientos ante el asombro de todos. Pese a sus repetidas victorias en el Campeonato de España, nadie hablaba de su trayectoria.

Con un sueldo de 100.000 pesetas al mes, llegó con 14 años al Mundial de karts. Allí dio sopas con onda a un tal Kimi Raikkonen, sí Iceman, el ganador del último GP de Malaisia. Al final del 95, probó un Fórmula Toyota y le ofrecieron hacer el campeonato, pero las condiciones no eran buenas. En su primer año mundialista logró el tercer puesto y una temporada después, con 15 años, ya era campeón del mundo.

CAMPOS LE CONVIRTIÓ EN UNA ESTRELLA

Pensaba seguir en los karts, pero el ex piloto le fichó para la Fórmula Nissan de 1999, que ganó. Pasó a la F-3000, donde llamó la atención del gran circo

Después del fallido proyecto de la Fórmula Elf Campus francesa, Alonso volvió al karting donde siguió como profesional... Hasta que se cruzó en su vida Adrián Campos. Aquélla fue la clave para que ahora el asturiano esté ahora en uno de los cuatro grandes de la Fórmula 1

El ex piloto y jefe de equipo necesitaba un sustituto para Marc Gené en la Fórmula Nissan. El catalán, que al final ganaría el campeonato, no quería seguir en el campeonato de monoplazas y Adrián quería un hombre de talento. Antonio García le dijo que conocía a un chaval del kárting que era realmente bueno. Resulta que era el mismo chico que asombró a Campos en una prueba de exhibición de karts en Barcelona, el Marlboro Masters del 96. Adrián se reunió en junio de 1998 con él y su padre y le costó convencerles. “¿Seguro que no nos costará nada?”, dijo José Luis, desconfiado. “Seguro, seguro”. Era la tercera vez que el asturiano tanteaba su debut en los monoplazas y siempre había encontrado algún gato encerrado. “Aquella vez lo que más me sorprendió fue lo poco que hablaba. Apenas dijo palabra”, cuenta Campos.


A
l término de aquella temporada, Alonso probó el coche de Gené en Albacete y al segundo día ya estaba rodando al ritmo de la pole del sabadellense. Era la segunda vez en su vida que llevaba un coche con marchas y ya iba como un tiro. Marc, asombrado, no cesaba de reírse en el muro de boxes. Aquel niño era un portento. Además de la resistencia inicial de los Alonso, Campos tuvo que luchar con el problema de subir un piloto no valenciano a un monoplaza patrocinado por el Circuit.

Al principio del Open de 1999, Fernando tuvo un par de salidas de pista cuando tenía de lejos la victoria. Una de ellas, muy sonada, fue en el Jarama. “Le dije que se tranquilizara —cuenta Adrián—, que no hacía falta que fuera con el dedo en la garganta todo el rato. Enseguida aprendió y el resultado fueron nueve pole position, seis victorias y ocho vueltas rápidas”. No tenía carnet y, con 17 años, volaba en los circuitos a 250 km/h. Se lo sacó nada más alcanzar los dieciocho, curiosamente sobre un Renault Megane y lo curioso es que, según el propio Alonso, “el profesor de autoescuela me decía que iba demasiado despacio”

Alonso, con su primer título de monoplazas bajo el brazo, debía seguir su escalera hacia la gloria y el paso natural fue la Fórmula 3000, que compartía escenario con los Schumacher y Hakkinen. Ha sido la única vez que llevó sponsors para competir y a punto estuvo de no poder correr.

 

UN CHICO RESERVADO Y BUEN ESTUDIANTE

Fernando Alonso también es fiel a sus amistades. El ovetense conserva sus dos mejores amigos, Ricardo Morán y Alejandro Rodríguez, a los que conoció en los karts cuando tenía sólo cuatro años. Se conocieron en una carrera en Ribadesella y desde entonces son todo lo inseparables que les dejan sus compromisos. Pasaron de jugar al fútbol los domingos de carreras a salir a cenar y a jugar a los bolos en su Asturias natal. Son compañeros de bocadillo, Coca-Cola y furgoneta, recuerdos infantiles y primeros amores.

Esta parcela también está relacionada con las carreras. De hecho, Ramón y Alejandro siguen ligados a este mundillo. El primero es telemetrista del equipo de Adrián Campos y hace sus pinitos con la Copa Hyundai, mientras que Alejandro quedó tercero en el campeonato de Asturias de rallys. Ambos destacan la increíble rapidez de su amigo, al que sacan tres años: “La verdad es que no había manera de ganarle. Y eso que, de pequeño, era bastante bajito y nosotros algo más mayores. Siempre supimos que era bueno, pero cuando eres pequeño no tienes conciencia de estas cosas. No fue hasta que ganó el Mundial de karts cuando nos dimos cuenta de que llegaría lejos”.

Ramón destaca de la personalidad de Fernando su timidez: “Muy reservado. Nunca le gustó salir de copas como otros chicos de su edad. Lo suyo ha sido estar tranquilo con su familia y salir si acaso de tarde. Aún quedamos de vez en cuando. Las carreras te hacen madurar antes”.

Y es que desde temprana edad, el trío de Ribadesella tuvo que crecer muy deprisa. Debían estudiar durante las competiciones, que muchas veces eran fuera de Asturias, y no disponían del tiempo que tenían otros chavales de su edad. “Pese a eso —cuenta Alejandro— Fernando siempre sacó muy buenas notas. Nunca tuvo problemas. En realidad, siempre hace bien todo aquello en lo que se empeña”.

El ovetense estudió de los cuatro a los catorce años (1985-95) en el colegio Santo Ángel de la Guarda. Allí cursó primaria y EGB. Lo dejó en octavo y de los profesores de entonces sólo quedan dos. Uno de ellos, Antonio Pastrana, reconoce haber madrugado en el GP de Malaisia. Más patente aún es la huella de Alonso en su instituto, el Leopoldo Alas Clarín de San Lázaro, donde estuvo de 1995 a 2000. El director, Alberto Saráchaga, expediente en mano, recuerda a Alonso como un “buen estudiante, salvo en COU, curso con el que no pudo copado por los compromisos deportivos”, y le describe “equilibrado y tímido”.

El centro tenían una notificación del Ministerio de Educación para que Nano pudiera compatibilizar las clases con la competición, al ser considerado por el Estado deportista de alto nivel. Alonso hacía pellas consentidas.

EL PILOTO PREDILECTO DEL JEFE SUPREMO

FIN DE SEMANA DEL DEBUT. Minardi llegó al GP de Australia de 2001 en unas condiciones terribles. Estuvo a punto de desaparecer. El coche no se acabó de montar hasta un día antes de la prueba y hasta las pegatinas eran provisionales. Alonso terminó la carrera.

Cuando Fernando Alonso se bajó del podio después de vencer en Spa con la Fórmula 3000, aquello parecía un mercado persa. Allí estaba Gerhard Berger, de BMW, que fue a felicitarle. Y hubo otros grandes que se interesaron por él. También Ferrari y un equipo emergente que volvía al año siguiente con la escudería Benetton, Renault. Debían comprar los derechos del ovetense a Minardi, que se adelantó a todos el verano anterior.

Williams no lanzó una propuesta muy clara y Ferrari condicionó su relación con la escudería a un período indefinido como piloto de Prost. Fue la marca gala quien más se volcó con aquel chaval de 19 años. Cinco años de contrato y un proyecto para hacerle campeón.

En ese momento intervino Bernie Ecclestone, el dueño de la Fórmula 1, que se reunió con el chaval y su mánager Adrián Campos y les hizo saber que Renault iba en serio y, para debutar en el gran circo, podía hacer una temporada cedido en Minardi. Ecclestone estaba preparando la era post Schumacher y había visto en Fernando un talento descomunal. Además, con este joven español podía conseguir relanzar la F-1 en uno de los mercados de Europa donde peor funcionaba. Meses después de aquella reunión, Alonso achuchaba en Montmeló con su submotorizado Minardi a los Benetton Renault, mientras Ecclestone afirmaba orgulloso: “Mi equipo ideal de pilotos lo formarían Michael Schumacher Y Fernando Alonso”. Casi nada.

Pese a tener muchos abandonos y problemas a lo largo de aquella campaña, Alonso asombró a la prensa especializada. La revista británica Autosport le nombró tercer piloto más valorado del año, por detrás de Michael Schumacher y David Coulthard. En Suzuka llegó a adelantar al BAR de Panis, 100 CV más potente, en su mejor carrera hasta Melbourne 2003. Y su lucha durante todo el año fue hacer la pole de los pobres, el 18º puesto. Por coche, debía ser el 21º. Sólo una vez, en el GP de Malaisia, fue batido por su compañero de equipo Tarso Marques. Y fue por un calvario mecánico.

Fernando cumplió veinte años en Hockenheim y allí logró su mejor puesto de la temporada, décimo. Sin llegar bien a los pedales (era el coche de Marques) y con el motor a punto de reventar: “It’s fantastic, fantastic”, repetía sin cesar el dueño del equipo, Paul Stoddart. El australiano quiso seguir con él un año más, pero Alonso debía dar ya el salto a uno de los grandes, Renault.

En renault logró 2 mundiales, luego fue a McLaren donde terminó 2º tras un polémico año, donde no congeniaron piloto y equipo. Tras esto se relajó corriendo en Renault a la espera de dar el gran salto y llegar a la Scuderia Ferrari

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